Codicia

Codicia

https://es.slideshare.net/fvmartinasoc/codicia-232716777

El discípulo preguntó a su maestro: «¿Por qué ricos y pobres muestran una actitud tan distinta ante los desconocidos? Cuando me acerco a un pobre, me abre las puertas de su casa, me pregunta cómo estoy y hasta me ofrece ayuda. Sin embargo es muy difícil acercarse a los ricos: viven en palacios, tienen guardias y, cuando al fin uno está delante de ellos, ni te miran y pi­den que seas breve, porque están muy ocupados.»

El Maestro le dijo: «Acércate a la ventana: ¿qué ves?». ­-Veo a una señora con un niño.

«Ahora ponte delante del espejo. ¿Qué ves? ».  -¡A mí mismo!

«Ahí tienes la respuesta: El espejo está hecho de cristal como la ventana, pero basta poner un poco de plata detrás y uno ya sólo se ve a sí mismo. Eso mismo les sucede a los ricos por su riqueza».

                        Autor desconocido

Una de las frases preferidas de Anthony de Mello era: “Cuando el ojo deja de estar obstruido, el resultado es la visión“. Se refería al “cristalino” de la mente, al que la codicia hace opaco con su deseo vehemente, e imposible de satisfacer, de poseer innumerables riquezas materiales.

Decía Gandhi: “El que retiene algo que no necesita es igual a un ladrón”,  señalando una pobreza moral y emocional que priva de bienestar suficiente a los demás; mientras la inteligencia ha de optar entre dos extremos: “Tan difícil es para los ricos adquirir la sabiduría, como para los sabios adquirir la riqueza” (Epicteto). Con muy admirables excepciones.

Como siempre, estamos a tiempo de recobrar la lucidez sobre lo que importa y lo que no; con la sensatez propia de los buenos sentimientos, como narraba Anthony de Mello:

Un hombre se acercó a un sanyasi (“renunciante”) y le dijo: La otra noche se me apareció en sueños el Señor Shiva y me aseguró que si venía al anochecer a las afueras de la aldea encontraría a un sanyasi que me daría una piedra preciosa que me haría rico para siempre. ¡La piedra! ¡Dame la piedra preciosa!

Tras buscar en su bolsa, se la entregó mientras le decía: Probablemente se refería a ésta. La encontré en un sendero del bosque. Puedes quedarte con ella.

El hombre miró la piedra asombrado. ¡Era un diamante! Tal vez el mayor del mundo, tan grande como una mano. Lo tomó y se marchó, pero pasó la noche dando vueltas en su cama incapaz de dormir.  Al amanecer, buscó de nuevo al sanyasi y le dijo:

Por favor, enséñame a conseguir la riqueza que te permite desprenderte de este diamante con tanta facilidad.

Nunca seremos felices ni exitosos con una riqueza que en lugar de darse se codicia. Ser ventanas, que no espejos, es lo que sugiere el lema de nuestra alma mater, la Universidad de Deusto: “sapientia melior auro” (la sabiduría es mejor que el oro). La “plata” ha de ser un medio y no el fin de nuestras decisiones, pues nuestra frágil vida es el cristal más valioso…

Más valiosa que el diamante

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