Destino

Destino

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“Mi madre, la diosa Tetis, de argentados pies, dice que las parcas pueden llevarme al fin de la muerte de una de estas dos maneras:

  • Si me quedo aquí, a combatir en torno de la ciudad troyana, no volveré a la patria tierra pero mi gloria será inmortal.
  • Si regreso perderé la ínclita fama, pero mi vida será larga, pues la muerte no me sorprenderá tan pronto.”                                          Aquiles, en “la Iliada”

 

Nuestros jóvenes siguen debatiéndose en el dilema de elegir su destino profesional. En el pasado se les exhortaba, por aversión a la perdida, a tener “un trabajo para toda la vida”; hoy se les anima, con atracción por el riesgo, a “dejarse llevar por la pasión”.

Ningún salto a las conclusiones, tan característico de nuestro sistema mental primario, intuitivo-asociativo, es aconsejable. No sustituyamos el complejo problema de buscar arduamente una actividad apasionante y bien retribuida, por la simplicidad de evitar la infelicidad o la miseria.

Meditar la elección es muy importante, porque probablemente la vocación, nuestra voz interior,  terminará por hacerse oír en medio de un juego vital de incertidumbres donde Éxito= Fortuna + Talento + Esfuerzo. Es frecuente tener el talento suficiente pero quizá no tanto la suerte ni el trabajo necesarios. Consideremos distintos escenarios:

  • Decisiones afectivas y no efectivas. ¿Qué les puede pasar a algunos jóvenes que, optando por su corazón, arruinan su billetera? Pueden asumir riesgos excesivos e incluso empeorar su situación por vías desesperadas, no afectivas y no efectivas. Buscando el éxito lo perderán todo si no les salva un golpe de suerte atribuible, erróneamente, a la actitud.
  • Decisiones efectivas y no afectivas. ¿Cómo pueden terminar si eligen la vía contraria, puramente racional? Decidir exclusivamente por la vertiente económica servirá de poco a quienes terminen sintiéndose desgraciados, atrapados en una jaula de oro de cuya seguridad no podrán ni querrán escapar.

   Resulta difícil superar esta dicotomía, donde tan ruinoso es prescindir de la pasión como de la razón. Además, el reto ya no sólo es para los jóvenes. Todos nos veremos obligados a redirigir nuestras elecciones profesionales.

   Sin despreciar la suerte, que no depende de nosotros, hemos de esforzarnos en encontrar y aplicar la esencia de nuestro potencial de desarrollo: competencias e intereses. Ahí reside la motivación, energía y talentos en los que perseverar.

  • Decisiones afectivas y efectivas. Csikszentmihalyi descubrió un tipo de felicidad en no huir de la realidad, sino en dejarse absorber por desafíos acordes a nuestras habilidades. Sabiendo para qué valemos, podremos adaptar una profesión a nuestra forma de ser y nos pagarán por ello.

   No nos demoremos ni precipitemos ante una cuestión tan compleja como el proyecto vital, sea en la primera o segunda etapa de la vida:

Tu destino es ser quien realmente eres

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